01 de Junio del 2017
El gusto por el futbol se me fue inculcado desde el momento en el que nací. Mi primer balón lo tuve —probablemente— cuando tenía la edad de los 4 o 5 años. Cuando uno siente esta cantidad de pasión por un deporte, es imposible que en algún momento de nuestras vidas no soñáramos con jugarlo como profesionales. Esta inspiración, estas ganas de jugar futbol al máximo nivel viene de la mano con la identidad que tenemos. Desde el momento en el que vamos creciendo, vamos absorbiendo, aprendiendo y conociendo de la vida.
En mi caso, lo primero que aprendí —antes de siquiera aprender a patear el balón— fue a admirar a un equipo con el que yo me sintiera identificado, ya fuera por ser de mi ciudad, por ser el equipo de mi padre, por ser el mejor que había visto hasta ese momento o por sus colores, no importa, lo que importaba era sentirse perteneciente a algo.
Por cosas del destino, porque nunca fui tan bueno o porque no me discipliné, no llegué a ser profesional y no llegué a cumplir el sueño que ese niño de 5 años llegó a tener. Decidí que lo mejor era disfrutar de esa pasión observando a los que sí habían logrado vencer esos obstáculos y aprender cómo fue que lo realizaron. Y entonces esuché de ti, Francesco.
Tengo 21 años y debo ser sincero, tus mejores años ya no le tocaron al Andres que empezó a observar el futbol con detenimiento. A mí me tocó ver cómo acrecentabas tu leyenda, me tocó ver el momento en el que te transformabas de ídolo a mito. Y creo, que no puedo quejarme de ver la parte de ti que terminó por enamorar al mundo futbolístico.
Uno de los momentos que más recuerdo de ti fue ese fatídico febrero del 2006. Con 29 años y el mundial de Alemania en puerta sufriste una fractura de peroné, que no sólo amenazaba con dejarte fuera del certamen más importante para un futbolista, sino que parecía además detenerte en plena madurez futbolística. Yo, teniendo apenas 10 años de edad, veía imposible que llegaras a Alemania.
Vaya sorpresa. Estuviste en el equipo que se coronó y con esto tocaste la gloria. Conseguiste lo que gente como Di Stéfano, Johan Cruyff y muchos otros cracks no tuvieron la suerte de conseguir. Y lo hiciste recuperándote en tiempo récord, con casi 30 años de edad. Desde ese momento te ganaste mi respeto.
Y es que sería yo un bobo si no resaltara lo que conseguiste en la cancha. Poseías un gran olfato goleador, una técnica individual envidiable y nunca, NUNCA dejaste de aparecer cuando se te requería. Más de 300 goles en tu carrera, casi 800 partidos, 25 temporadas en el primer equipo de la Roma. Se dice tan fácil…
Pero lo que tú enseñaste al mundo no fue nada más tu calidad futbolística, lo que nos enseñaste a todos es que lo único importante en la vida es ser feliz. Nos demostraste que se puede tener ese mismo sentir que tenemos tanto a los 5 años como a los 40. Eres el último de tu tipo, Francesco. En un mundo futbolístico lleno de contratos millonarios, de jugadores que buscan la gloria individual nos demostraste que se puede llegar a ella sin renunciar a la felicidad.
25 años en el primer equipo de la Roma, 28 años desde que llegaste a las inferiores de La Loba. Fuiste coherente con lo que pensabas, creías que antes de buscar el dinero, la fama o los títulos, uno debía buscar estar donde más feliz se sintiera. Y te mantuviste, a pesar de que hubo ofertas que a cualquiera hacían dudar a lo largo de los años, a pesar de que sólo habías conseguido un Scudetto con tu equipo, no dejaste de querer, de buscar poner el nombre de Roma en lo más alto.
Hay grandes jugadores, hay grandes campeones en el mundo, hay personas que consiguen ser ídolos, y después hay pocos que alcanzan la gloria eterna. Tú eres uno de ellos. Basta con ver las muestras de cariño que recibiste en tu último partido en el Olímpico, el 90% del estadio estaba en lágrimas, tus compañeros berreaban, tu familia no podía con la emoción y después estabas tú, con lágrimas en los ojos consciente de que el maldito tiempo cada vez pasaba más rápido.
Rivales, compañeros, directivos, miles de aficionados, TODO el mundo no siente otra cosa por ti que respeto. Y es que el tipo de respeto que te mereces no se gana a base de títulos, ni de goles o asistencias. Es un tipo de respeto muy especial que sólo se gana siendo leal a tus creencias, leal a tu gente, leal a tu equipo. Y créeme cuando digo que sólo un puñado de jugadores han alcanzado tremendo gesto.
Empezaste como un niño romano con un sueño, continuaste a ser una promesa futbolística, te convertiste en referente, pasaste a ser capitán, te volviste ídolo, alcanzaste el mote de leyenda y te vas como un mito. Te agradezco, te digo muchas gracias por recordarnos la razón por la que uno se enamora en un principio del futbol y por mantener cabalmente ese pensar de que el futbol es para divertirse y se juega siempre con el corazón.
«Totti è la Roma». Ninguna frase podrá demostrar de mejor manera lo que tú, Francesco Totti, representas para los romanos. Fuiste su hijo pródigo, con la diferencia de que tú nunca te fuiste para regresar y hacer grande a Roma. Tú te quedaste y de todas formas lo hiciste. Alcanzaste una grandeza inmensa e hiciste de Roma una ciudad aún más icónica. Totti es la Roma y la Roma es Totti. Gracias totales, mito…
¡Abrazo de gol a todos! Y no lo olviden, de primera siempre es más espectacular…
Andres Espinoza
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